En tiempos de palabras tan devaluadas, tan vacías de contenido, tan desgastadas y bastardeadas, escuchar un texto en verso tan rico y sofisticado como el de Pepe Cibrián Campoy en “Juana la loca”, es de por sí un obsequio para los oídos y el alma. Su complejidad, su cadencia, su ritmo, obligan al espectador, no sólo a prestar una concentradísima atención, sino a dejarse llevar por la musicalidad del mismo, a entregarse a una experiencia inusual.  En lo personal, admito que desconocía este talento del autor, más ligado en mi imaginario a otros géneros.

Sumado a esto, el trabajo actoral de María Seghini es literalmente hipnótico. Durante poco más de una hora, la intérprete protagoniza un “tour de forcé” que quita el aliento. Se desdobla, se multiplica en una serie de personajes, construyéndolos a través de sutiles cambios corporales, diferentes inflexiones vocales, materializando casi por arte de magia a los fantasmas con los que convive durante su largo cautiverio en “Tordesillas” (1509-1555). Hoy se sabe que la supuesta locura de la Reina de Castilla, esposa de Felipe el Hermoso, fue una excusa para apartarla del trono, típico recurso del patriarcado que aún en la actualidad (aunque en menor medida) rige el mundo. La actriz posee un abanico de recursos expresivos inagotable. Frágil y todopoderosa, casta y prostibularia, tierna y feroz, víctima y victimaria: la Juana que compone María Seghini es indudablemente un “capo lavoro”.

La ágil dirección de Ana Padilla, que cuenta con la asistencia de Laura Assieu, es clave para que la puesta en escena de este monólogo sea dinámica y entretenida. Sus marcaciones son precisas, casi coreográficas. Otros aportes cruciales son la ajustada puesta de luces de Daniel Gismondi, y la música original de Ana Foutel, que crea y subraya los diferentes y contrastantes climas de la pieza.

La escenografía de Pepe Uría es minimalista y contundente. Ese trono deteriorado, que hace juego con el magnífico vestuario (diseñado por él y confeccionado por Patricia Terán), bastan y sobran para ambientar una obra cuya médula es el trabajo actoral. Nada distrae, nada está de más. Lo justo y necesario.

“Juana la loca” tiene por delante dos nuevas funciones en “Espacio 44” (Avda. 44 entre 4 y 5), los viernes 6 y 13 de diciembre a las 21 hs. Imperdible.

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