“EL PUENTE AZUL” con texto y música de Fernando Albinarrate, protagonizada por Mariano Mazzei y Dolores Ocampo, bajo la dirección de Emiliano Dionisi, podría definirse como una bella y delicada historia de amor. Aunque, en rigor, son dos las historias de amor que se entrelazan aquí. La de “María” y “Antonio”, a principios de siglo XX, con la llegada de una ola de inmigrantes italianos a “hacer la América”, y la de “Evangelina” y “Rony”, dos jóvenes de hoy en día, que viajan por el mundo en busca de experiencias.

La idea germinal de esta pieza, cuenta Mazzei, surgió de unas cartas que intercambiaron sus propios abuelos inmigrantes, cuya lectura emocionó al joven actor y cantante. Contagió su emoción al talentoso autor, músico y compositor Albinarrate (“Ni con perros ni con chicos”, “Sally, una farsa musical”), quien finalmente elaboró “El puente azul”, en referencia al océano (¿y por qué no al Río de la Plata?) que separaba – y a la vez unía- a los amantes.

En un escenario despojado, acompañados por dos talentosos músicos – Nicolás Reboredo en violín y Matías Fernández en piano-  Ocampo y Mazzei capturan la atención del espectador con estos relatos que no siempre tienen un final feliz. Y lo hacen a través de monólogos, diálogos y bellas canciones.

Mazzei  es “Antonio”, el italianito que desembarca en el puerto de Buenos Aires con la promesa de un buen trabajo, lo cual le permitiría eventualmente trae a su amada “María” a la Argentina. Y, ya en nuestros días, es “Rony”, un joven estudiante de Ingeniería que viaja a Europa y ahí, mientras trabaja  de mozo, conoce a (y se enamora de) una simpática cantante italiana “Evangelina”. Ocampo encarna a “María”, a “Evangelina” y también a una prostituta que consuela al desconsolado Antonio.

El amor, hoy como ayer, más allá de las distancias, de las épocas, de las fronteras, de los obstáculos. Caminos que se entrecruzan, el azar, el destino. Hilos invisibles que conectan a seres de países y culturas diferentes. Idas y vueltas, encuentros y desencuentros, historias truncas. Todo esto es la materia prima de esta obra simple y profunda, conmovedora por el cercano recuerdo de nuestros abuelos inmigrantes y sus cartas de amor, sus casamientos “por poder”, los avatares de sus vidas.  Hay mucha poesía y lirismo en “El puente azul”.

La dirección de Emiliano Dionisi resalta las cualidades actorales y vocales de esta pareja que hace gala de una notable química y una técnica exquisita. Las escenas se van enlazando armónicamente, yendo y viniendo en el tiempo con mínimos cambios de vestuario y gran economía de recursos. Hay alternancia en los climas: nostalgia, alegría, complicidad, todo a través de las inspiradas letras de Albinarrate. La música en vivo es un aliado indispensable de la puesta.

“El Puente Azul” vuelve el sábado 10, a las 21 hs  a Teatro Estudio. ¡No se la pierdan!